Aunque a veces digo bastaen las noches de subasta
me la juego hasta ganar.
Como toda señorita
eras bien histeriquita
eras una ola en el mar
Siempre cinco para el peso
siempre abrazo, nunca un beso,
y ahora ni torta ni pan
sólo me quedan recuerdos
de ese sueño momentáneo
viejos tiempos de adicción.
A planteos poco cuerdos
al placer del desengaño
a la dulce confusión.
Sólo me queda el consuelo
de saberme muy tranquilo
yo ya sé que la peleé.
Me pensaba que era el ciego
me pensaba que era el pueblo
que era el tuerto y que era el rey





